En ocasiones nos encontramos repitiendo los mismos errores que nos hacen daño. Probablemente alguna vez te habrás preguntado algo como:

  • «Si sé que esa relación me hace sufrir, ¿por qué vuelvo una y otra vez?»

o

  • «¿Por qué sigo preocupándome por cosas que no puedo controlar?»
  • «¿Por qué acepto situaciones que no quiero vivir?»
  • «¿Por qué siempre termino reaccionando igual?»

Lo curioso es que, en muchas ocasiones, conocemos perfectamente la respuesta.

  • Sabemos que deberíamos poner límites.
  • Sabemos que necesitamos descansar más.
  • Sabemos que no es posible agradar a todo el mundo.
  • Sabemos que nuestra forma de reaccionar nos perjudica.

Y, sin embargo, seguimos haciéndolo.

  • ¿Significa eso que somos débiles?
  • ¿Que nos falta fuerza de voluntad?

En absoluto. La explicación es mucho más interesante.

Saber no siempre significa cambiar

  • Comprender un problema no garantiza que desaparezca.
  • Podemos entender perfectamente el origen de nuestra ansiedad y seguir sintiéndola.
  • Podemos conocer las causas de nuestra baja autoestima y continuar tratándonos con dureza.
  • Podemos identificar un patrón de comportamiento y repetirlo.

¿Por qué?

Porque existen dos formas diferentes de aprender.

  • La primera consiste en adquirir conocimientos.
  • La segunda consiste en transformar la manera en que nuestro cerebro, nuestras emociones y nuestras conductas afrontan la realidad.

Y ambas no siempre avanzan al mismo ritmo.

Nuestra mente prefiere lo conocido

El cerebro no busca constantemente la felicidad.

Su prioridad es otra.

Busca la seguridad.

Y, para conseguirla, prefiere aquello que conoce.

Incluso cuando no nos proporciones bienestar.

Por eso algunas personas permanecen durante años en relaciones insatisfactorias.

Otras continúan siendo excesivamente complacientes.

Algunas siguen preocupándose por todo.

No porque quieran sufrir. Sino porque esas formas de reaccionar les resultan familiares.

Lo conocido genera una falsa sensación de control.

Cambiar implica atravesar incertidumbre.

Y la incertidumbre activa nuestras alarmas.

Los hábitos funcionan en piloto automático

Gran parte de lo que hacemos cada día no son decisiones conscientes. Son hábitos.

Desde la forma de cepillarnos los dientes hasta la manera de responder cuando alguien nos critica.

También desarrollamos hábitos emocionales.

  • Hay personas que responden automáticamente con enfado.
  • Otras con culpa.
  • Otras intentando agradar.
  • Otras evitando el conflicto.

Cuanto más repetimos una respuesta, más automática se vuelve.

Por eso, aunque racionalmente deseemos actuar de otra manera, tendemos a repetir el camino conocido.

Las emociones también aprenden

Imagina que durante años has evitado decir «no» por miedo a decepcionar a los demás.

Cada vez que cedes, sientes un alivio inmediato.

Ese alivio refuerza la conducta.

Tu mente aprende que evitar el conflicto reduce momentáneamente el malestar.

Aunque, a largo plazo, el precio sea alto.

Lo mismo ocurre con muchas otras conductas.

  • Evitar.
  • Procrastinar.
  • Buscar aprobación.
  • Controlarlo todo.

Todas producen un alivio inmediato que hace más probable que volvamos a repetirlas.

Comprender no basta

Imagina que sabes perfectamente que el sedentarismo perjudica tu salud.

¿Ese conocimiento basta para convertirte en una persona activa?

Probablemente no.

  • Necesitas practicar.
  • Crear nuevos hábitos.
  • Superar la incomodidad inicial.

Con la conducta ocurre lo mismo.

La transformación requiere experiencia. No solo comprensión.

Cambiar significa soportar la incomodidad

Aquí aparece uno de los aspectos más importantes.

Toda conducta nueva produce cierta incomodidad.

  • Poner un límite puede generar miedo.
  • Expresar una opinión puede producir inseguridad.
  • Pedir ayuda puede resultar difícil.
  • Decir «no» puede despertar culpa.

Muchas personas interpretan esa incomodidad como una señal de que están haciendo algo mal.

Sin embargo, frecuentemente significa lo contrario.

Es la señal de que están aprendiendo una forma diferente de actuar.

La libertad comienza cuando aparece un espacio

Existe un momento muy corto que puede cambiar muchas cosas.

Es el espacio que aparece entre lo que sentimos y la forma en que respondemos.

Al principio dura apenas unos segundos.

Notamos el impulso de reaccionar automáticamente.

Pero, en lugar de hacerlo, nos detenemos.

  • Respiramos.
  • Observamos.
  • Y elegimos.

Ese pequeño espacio es donde comienza la libertad psicológica.

No porque desaparezcan las emociones.

Sino porque dejamos de obedecerlas automáticamente.

¿Cómo empezar a romper un patrón?

No existen soluciones mágicas. Pero sí algunos pasos útiles.

1. Identifica el patrón

Pregúntate:

  • ¿Qué situación se repite una y otra vez en mi vida?
  • ¿Qué hago siempre igual?

2. Identifica el beneficio de esa conducta

Aunque parezca perjudicial, probablemente te proporciona algún beneficio inmediato.

  • Quizá evita un conflicto.
  • Reduce momentáneamente la ansiedad.
  • Hace que te sientas aceptado.

Comprender ese beneficio es fundamental para entender por qué el patrón continúa.

3. Acepta la incomodidad inicial

Cambiar suele resultar incómodo.

No porque sea una mala decisión.

Sino porque tu cerebro está aprendiendo un camino nuevo.

4. Practica respuestas diferentes

No hace falta transformar toda tu vida de un día para otro.

Empieza por pequeños cambios.

  • Una conversación.
  • Un límite.
  • Una decisión.
  • Una forma distinta de responder.

La repetición irá convirtiendo esas nuevas conductas en hábitos.

Cómo puede ayudarte un psicólogo online

Romper patrones profundamente arraigados no siempre es fácil cuando intentamos hacerlo solos.

Muchas veces sabemos qué nos convendría cambiar, pero seguimos reaccionando igual porque esos automatismos llevan años acompañándonos.

Un psicólogo online puede ayudarte a identificar esos patrones con mayor claridad y comprender qué función cumplen en tu vida.

Pero, sobre todo, puede acompañarte mientras aprendes nuevas formas de responder a las dificultades.

La terapia no busca que seas una persona diferente.

Busca que recuperes la capacidad de elegir.

Durante ese proceso puedes aprender a:

  • reconocer los desencadenantes de tus reacciones automáticas
  • comprender qué emociones mantienen determinados comportamientos
  • desarrollar estrategias más saludables para afrontar el malestar
  • aprender a tolerar la incomodidad que acompaña a todo cambio
  • sustituir antiguos hábitos por respuestas más coherentes con tus valores

Con el tiempo, aquello que al principio requería un gran esfuerzo termina convirtiéndose en una forma más natural de vivir.

Cambiar es mucho más que comprender

Conocerse a uno mismo es un paso imprescindible. Pero no es el último.

El cambio comienza cuando dejamos de preguntarnos únicamente «¿por qué soy así?» y empezamos a preguntarnos:

«¿Qué puedo hacer hoy, aunque sea un pequeño paso, para responder de una manera diferente?»

  • No podemos cambiar el pasado.
  • Tampoco podemos evitar que aparezcan emociones difíciles.

Pero sí podemos aprender a responder de forma más consciente.

Y, poco a poco, esos pequeños cambios dejan de ser excepciones para convertirse en una nueva manera de vivir.

Si sientes que repites una y otra vez los mismos patrones, que determinadas situaciones se repiten en tus relaciones o que te cuesta transformar el conocimiento en cambios reales, recuerda que no tienes por qué recorrer ese camino solo.

En mi servicio de Psicología Online acompaño a personas que desean comprenderse mejor, romper patrones que les hacen sufrir y desarrollar formas más saludables de afrontar las dificultades de la vida. El cambio no consiste en dejar de ser quién eres, sino en recuperar la libertad para decidir cómo quieres vivir.

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