Inteligencia artificial y naturaleza humana

La inteligencia artificial y las tecnologías digitales no solo están transformando la economía, la comunicación o el conocimiento, también están reconfigurando la comprensión de lo que significa ser una persona.

Las personas desarrollamos vínculos emocionales con robots y dispositivos digitales, como mascotas robóticas, asistentes virtuales y juguetes inteligentes, basados en inteligencia artificial, considerando a estas máquinas como “suficientemente vivas” para servir de compañía.

  • Creemos que la tecnología con inteligencia artificial nos garantiza conexión, aunque, en ocasiones, nos deje más aislados. Así, familias y amistades pueden estar juntos físicamente, pero emocionalmente distantes, cada uno absorto en su propio dispositivo.
  • Muchas personas estamos frecuentemente conectados a nuestros dispositivos, fragmentando nuestra identidad y dificultando nuestra presencia plena en las relaciones reales. Tal dependencia de la inteligencia artificial nos puede llevar a una confusión sobre quiénes somos y a una disminución de la empatía
  • Vivimos la etapa cultural del “momento robótico” aceptando a los robots como compañeros emocionales, lo que refleja nuestra vulnerabilidad y la decepción que sentimos con las relaciones humanas, lo que nos lleva a buscar consuelo en máquinas que simulan empatía, aunque carezcan de ella.
  • La ilusión de compañía sin exigencias como tendencia a preferir la compañía de máquinas con inteligencia artificial porque no exigen nada emocionalmente. Lo que puede ser especialmente problemático para niños y ancianos, quienes pueden volverse vulnerables a relaciones superficiales con robots o asistentes digitales. Porque, si bien esto puede resultar liberador, también puede limitar el desarrollo de habilidades sociales y empatía, al priorizar la interacción virtual sobre la real
  • Las redes sociales, los smartphones y la mensajería instantánea están reemplazando las conversaciones cara a cara. Haciendo que nuestras relaciones sean más superficiales, y que la soledad aumente en medio de la multitud digital

Identidad y subjetividad en la era digital y de la inteligencia artificial

Nuestra identidad, como construcción subjetiva del “yo”, en la interacción con el entorno, está influida por:

  • las redes sociales,
  • los algoritmos de recomendación
  • los asistentes virtuales

moldeando nuestras decisiones, preferencias y hasta emociones, frecuentemente sin que seamos plenamente conscientes de ello, lo que nos lleva a una identidad más expuesta, fragmentada y dependiente de validaciones externas, como los “likes”, etc. haciendo conveniente que nos replanteemos la libertad y la autenticidad.

Emociones y pensamientos: entre lo humano y lo artificial

Nuestros pensamientos están ligados a nuestras emociones y percepciones del mundo. Las tecnologías digitales, con su diseño persuasivo, impactan directamente en nuestra atención y motivación, haciendo que vivamos muy estimulados, conectados, y sin embargo, más distraídos y agotados.

Las emociones básicas —miedo, alegría, tristeza, amor, rabia, asco (rechazo) y sorpresa— están siendo estudiadas y replicadas por sistemas de IA generativa, para que, por ejemplo, los servicios de atención al cliente “detecten” nuestro tono emocional, con algoritmos calcular la probabilidad de nuestros estados de ánimo en función de nuestras publicaciones y respuestas…

¿Podrá una máquina entender nuestras emociones o imitarlas? ¿Dependeremos de ellas para gestionar nuestras emociones?

Relaciones humanas: conectados pero solos

Uno de los impactos de la revolución tecnológica ha sido el cambio en la forma en que nos relacionamos con otras personas, porque ha incrementado nuestras posibilidades de comunicación, y también nuevas formas de aislamiento, según la psicóloga Sherry Turkle: las redes sociales, los smartphones y la mensajería instantánea están reemplazando las conversaciones cara a cara, y aunque estamos hiperconectados, la calidad de nuestras relaciones está erosionada, y la soledad aumenta en medio de la multitud digital:

  • Interacciones más rápidas, y más superficiales.
  • Escasa empatía, porque requiere tiempo, atención y presencia.
  • Relaciones simbióticas: humanos que se enamoran de chatbots, que confían más en la opinión de un algoritmo que en la de sus amistades, o que delegan decisiones íntimas a sus dispositivos.

Todo ello lleva a restar la importancia del encuentro auténtico, de la otra persona como espejo de nuestra propia humanidad.  

Ética y transhumanismo: ¿mejorar o deshumanizar con la inteligencia artificial?

La idea de que la tecnología además de ayudarnos, también mejorar nuestras capacidades físicas, cognitivas y emocionales, con implantes neuronales, edición genética, prótesis inteligentes, etc. suscita preguntas como:

  • ¿Quién controla esta tecnología?
  • ¿A quién beneficia realmente?
  • ¿Qué riesgos de desigualdad, manipulación o deshumanización conlleva?
  • ¿Seríamos verdaderamente libres con decisiones mediadas por estos sistemas?

Oportunidades de la inteligencia artificial para el desarrollo de las personas

La inteligencia artificial también ofrece posibilidades.

  • En psicología clínica, por ejemplo, los sistemas de IA están ayudando a detectar trastornos del estado de ánimo antes de que sean evidentes para el paciente.
  • En educación, se diseñan entornos personalizados de aprendizaje.
  • En neurorrehabilitación, los exoesqueletos inteligentes permiten recuperar funciones perdidas.

La clave está en cómo utilizamos estas tecnologías.  

El bienestar no depende solo del placer o la eficiencia, sino:

  • del sentido
  • la autonomía
  • la conexión

Que necesitan ser protegidos y cultivados en la era digital.

¿Qué significa ser humano hoy?

Ser humano no es solo razonar o sentir; es también ser

  • finito
  • imperfecto
  • libre
  • vulnerable
  • recordando que no somos máquinas,

y que nuestra riqueza reside justamente en esa complejidad.

Frente a una Inteligencia Artificial que nos supera en velocidad de cálculo y memoria, lo humano puede redefinirse no por lo que hace, sino por cómo lo hace, con

  • conciencia
  • intención
  • ética

Una invitación a la reflexión sobre el protagonismo de la inteligencia artificial

Cada uno de nosotros habita un entorno digital que influye en

  • nuestra percepción
  • relaciones
  • sentido del yo

Conviene hacernos preguntas como:

  • ¿qué hace la tecnología con nosotros?
  • ¿qué lugar ocupa la tecnología en nuestra vida?
  • ¿hasta qué punto nos sentimos nosotros mismo cuando interactuamos en entornos digitales?
  • ¿qué tipo de humanidad queremos construir en colaboración —o en tensión— con la inteligencia artificial?

Propuestas y Soluciones

Enfatizar una relación más consciente y equilibrada con la tecnología, por ejemplo: 

  1. Conservar la capacidad de preguntarnos por el sentido de las cosas.
  2. Educar a niños y jóvenes sobre los límites y riesgos de la vida digital.
  3. Fomentar la conversación cara a cara y las relaciones auténticas, valorando los momentos de desconexión para fortalecer la identidad y los lazos humanos.
  4. Reflexionar sobre el uso personal de dispositivos y redes.

Y recordar que:

  • «la inteligencia artificial no se maravilla ante las estrellas; las personas, sí.»
  • «la inteligencia artificial nos debe servir, no al revés»
  • «lo humano no es lo perfecto, sino lo imperfecto que aspira a saber»

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