La resiliencia

La resiliencia es nuestra capacidad para hacer frente, adaptarnos y recuperarnos de situaciones adversas o traumáticas, transformando el dolor en fuerza para fortalecerse y salir empoderados de ellas.
Primero se produce aquello que nos altera, que es lo traumático; y para que se convierta en una herida durante nuestra vida es necesario un refuerzo, normalmente conductas de rechazo o abandono, rechazo, menosprecio o humillación del entorno, consecuencia de la incomprensión.
Eso es un trauma; un acontecimiento que deteriora nuestra identidad y convicción en relación con las demás personas y al mundo.
Con resiliencia comprendemos que somos arquitectos de nuestro propio bienestar y destino, es decir, tenemos la capacidad para reponernos de un trauma y, sin quedar marcados de por vida.
La resiliencia no es un rasgo innato fijo, sino que puede ser adquirida y fortalecida a lo largo de la vida.
Es de suma importancia construir una historia de vida que integre las experiencias traumáticas de manera significativa, porque darles sentido a nuestras experiencias pasadas y encontrar un propósito futuro es fundamental para superar la adversidad y construir la resiliencia.
Se trata de desear lo mejor y estar preparado para lo peor.
Según el psiquiatra alemán V. Frankl: “Quien se levanta es más fuerte que quien no ha caído” a pesar de que:
• La vida nos cubra de sufrimiento, porque llega un momento en que para.
• Nos sintamos absorbidos por los acontecimientos y las situaciones.
• Nos sintamos desbordados por la presión de algunos momentos.
• Seamos golpeados hasta caer al suelo, porque en la vida recibimos golpes.
• Tengamos la sensación de que ya no podemos más.
Además de sufrir por el pasado podemos analizar, aprender y decidir en el presente y así afrontar en lugar de postergar
La resiliencia se puede notar en varias áreas de la vida y en diferentes situaciones:
- Superar adversidades: encuentran la fuerza para seguir adelante y adaptarse a las circunstancias.
- Flexibilidad y adaptabilidad: ajustan sus planes, objetivos y expectativas cuando las circunstancias cambian, encontrando otras formas de hacer las cosas y aprovechar oportunidades.
- Mantener una actitud positiva: encontrando aspectos positivos en medio de la adversidad y mantenernos motivados en encontrar soluciones.
- Autoconfianza y autoeficacia: confiando en nuestras habilidades y fortalezas, y afrontando las dificultades con determinación y perseverancia.
- Apoyo social: conectándonos con otras personas, ya sea a través de amigos, familiares, grupos de apoyo o profesionales para superar las dificultades.
Algunos factores pueden ayudar en el desarrollo de la resiliencia como tener:
- Acceso a los recursos que necesitamos según nuestras posibilidades e intereses, como bibliotecas, aficiones, expresión artística, deportes, etc.
- Aptitudes integradas en un contexto social educativo y familiar. Según Carl Rogers el reconocimiento implica una aceptación incondicional de la persona en su totalidad, incluyendo sus fortalezas y debilidades. Se trata de valorar a la persona por lo que es y por lo que es capaz de hacer, en lugar de juzgarla. Este tipo de reconocimiento fomenta la autoaceptación y la autoestima positiva.
- Asumir nuestras responsabilidades
- Capacidad de encontrar significado y propósito en la vida
- Confianza y un sentido de la coherencia
- Cubrir las necesidades básicas de atención sanitaria, alimentación, vivienda.
- Habilidad para regular las emociones y el pensamiento positivo. Aunque pueda ser difícil, tratemos de mantener una mentalidad optimista. Enfoquémonos en las soluciones en lugar de los problemas y busquemos oportunidades de crecimiento y aprendizaje.
- Personas que crean en nosotros y descubran y valoren nuestras aptitudes
- Personas que nos escuchen y tengan en cuenta nuestra la opinión
- Reglas claras de comportamiento y que conduzcan nuestras actitudes
- Relaciones formales y también informales con las figuras parentales
- Un vínculo fuerte y constructivo, con relaciones afectivas y de apoyo con figuras significativas, desde la niñez. Se trata del apego seguro según Bowlby (psicólogo y psicoanalista británico); un tipo de vínculo emocional saludable y protector entre el niño y su cuidador principal, generalmente la figura materna, en el que el cuidador satisface de manera consistente las necesidades emocionales y físicas del niño
- Aceptación de nuestros sentimientos, porque es normal que nos sintamos frustrados, tristes o enfadados cuando afrontamos una adversidad.
- Establezcamos metas realistas: dividamos nuestro objetivo final en metas más pequeñas y alcanzables. Ello nos ayudará a mantenernos concentrados y nos dará un sentido de logro a medida que avancemos.
- Aprendamos de la experiencia: Cada adversidad trae consigo lecciones valiosas.
- Mantengamos la perspectiva: las adversidades son temporales y podemos superarlas.
La resiliencia puede manifestarse a raíz de una situación difícil que puede tener orígenes tales como:
- trauma por abusos sexuales en la familia
- trauma puntual como la muerte de una persona cercana
- vivir una limitación permanente, por ejemplo, una enfermedad
- vivir una situación de riesgo como por ejemplo vivir en la calle
Algunas recomendaciones para incrementar la resiliencia:
- Aceptar a las personas, aunque no admitamos su conducta
- Buscar la ayuda de otras personas
- Desarrollar habilidades de resolución de problemas
- No culpar a las demás personas de sus desgracias
- No etiquetar prematuramente a las demás personas
- No hacer daño a las demás personas
- No tener en cuenta solo síntomas físicos o mentales
- No ver sólo problemas, sino activar también otras opciones
- Potenciar la confianza en nosotros mismos.
- Visión optimista
Con el paso del tiempo evolucionamos con respecto a lo vivido.
- Puede que seamos capaces de curar la herida del trauma y no nos afecte en el presente
- Tal vez se ha quedado enquistada dejando huella en nuestro carácter
- En otros casos permanece inconsciente y no supimos gestionarla ni canalizarla hasta que brota abruptamente
En todos estos casos es muy importante la aceptación,
el acto de reconocer y aprobar algo o alguien tal como es, sin cambiarlo o resistirlo. Es asumir una situación, una persona, una idea o una realidad sin oponernos, adaptándonos y encontrando formas de afrontarla.
Implica una actitud de apertura, comprensión y tolerancia hacia lo que nos rodea. No significa estar de acuerdo con algo, sino reconocer su existencia y permitir que forme parte de nuestra realidad.
Aplicado a nosotros, la aceptación consiste en aceptar y comprender nuestras emociones, pensamientos y características individuales, sin juzgarnos. Es reconocer nuestra autenticidad y aceptar nuestras fortalezas y debilidades.
Es decir, es una actitud de reconocimiento y acogida de lo que es, tanto en nosotros mismos como en el mundo que nos rodea.
Las personas necesitamos cariño, alimentación y apoyo, a lo largo de nuestra vida.
Dependiendo de cómo recibamos tales necesidades, desarrollaremos nuestra resiliencia; o sea, la capacidad de gestionar la adversidad y la frustración.
Si deseamos tener resiliencia en nuestra vida, es que queremos desarrollar la habilidad de adaptarnos y afrontar las dificultades con una actitud positiva y constructiva, lo que supondría la capacidad de gestionar el estrés, recuperarnos de fracasos o decepciones, y encontrar formas de crecimiento y aprendizaje en situaciones difíciles.

