
Cómo dejar de exigir certezas imposibles y recuperar nuestra capacidad de actuar
Lo que duele no es únicamente la incertidumbre. También duele la pelea constante que mantenemos contra ella: querer agarrar con todas nuestras fuerzas algo que, por su propia naturaleza, se nos escurre entre los dedos. Nos ocurre cuando
- esperamos una respuesta que no llega,
- una relación cambia,
- atravesamos un problema de salud,
- no sabemos qué decidirá otra persona
- el futuro de algo importante permanece abierto.
Nuestra mente desea una certeza que realmente aún no puede ofrecernos. Y cuanto más importante es aquello que está en juego, más difícil resulta aceptar el «no lo sé».
Queremos
- anticipar el desenlace
- evitar cualquier pérdida
- asegurarnos de que todo terminará como deseamos
Sin embargo, en ese intento de controlar lo incontrolable añadimos una segunda capa de sufrimiento al dolor que la situación ya provoca.
Aprender a aceptar la incertidumbre no significa resignarnos. Significa dejar de exigirle a la vida garantías que nunca estuvieron disponibles y recuperar nuestra capacidad para actuar donde sí tenemos margen de elección.
¿Por qué necesitamos tenerlo todo bajo control?
El deseo de control cumple la función de sentir que sabemos lo que va a suceder y nos proporciona seguridad y prepararnos.
Cuando existe un peligro concreto, buscar información, analizar alternativas y tomar medidas puede ayudarnos a resolver el problema.
La dificultad aparece cuando aplicamos esa misma estrategia a situaciones que todavía no tienen respuesta o cuyo desenlace no depende de nosotros.
Entonces
- revisamos una y otra vez los mismos datos,
- imaginamos todos los escenarios posibles,
- pedimos constantes garantías
- interpretamos cualquier detalle como una señal.
Parece que estemos buscando una solución, pero con frecuencia solo estamos intentando aliviar momentáneamente la angustia de no saber.
La certeza obtenida dura poco. Pronto aparece otra duda y volvemos a pensar, comprobar o preguntar. Así se forma un círculo en el que la búsqueda de control, en lugar de tranquilizarnos, mantiene viva la preocupación.
Como vimos en el artículo «La incertidumbre y 8 medidas de afrontamiento»,
no todo puede controlarse, saberse, preverse ni evitarse.
Reconocer este límite no nos hace más débiles: nos permite utilizar mejor nuestra energía.
El dolor inevitable y el sufrimiento añadido
Hay incertidumbres que duelen porque afectan a algo que amamos. No podemos convertirlas en experiencias agradables mediante una actitud positiva ni eliminar todos los sentimientos difíciles. El miedo, la tristeza, la rabia o la impotencia pueden ser respuestas frecuentes ante una situación importante.
Ese es el dolor inevitable.
El sufrimiento añadido surge cuando, además de sentir ese dolor, iniciamos una batalla interna contra la realidad:
- «Esto no debería estar sucediendo».
- «Necesito saberlo ahora mismo».
- «No podré estar bien hasta que se resuelva».
- «Si pienso lo suficiente, encontraré la manera de controlarlo».
- «No puedo soportar que las cosas no dependan de mí».
La mente intenta cerrar por la fuerza una situación que continúa abierta. Pero ninguna cantidad de pensamiento puede producir una respuesta que todavía no existe, ni controlar las decisiones ajenas, ni garantizar cómo evolucionarán los acontecimientos.
Aceptar este hecho no elimina el dolor original, pero evita que sigamos alimentándolo mediante una lucha agotadora.
Aceptar no es resignarse
A veces confundimos la aceptación con la pasividad. Pensamos que aceptar significa conformarnos, abandonar nuestros derechos, dejar de buscar soluciones o renunciar a lo que nos importa.
No es así.
La resignación dice: «No puedo hacer nada, por tanto, me rindo». La aceptación dice: «Esto es lo que está ocurriendo en este momento; ahora decidiré cómo responder».
- Podemos aceptar que existe una dificultad y, al mismo tiempo, pedir ayuda.
- Podemos reconocer que no controlamos el resultado y continuar defendiendo aquello que consideramos justo.
- Podemos admitir que una relación ha cambiado y cuidar nuestra dignidad.
- Podemos mantener la esperanza sin convertirla en una exigencia.
Aceptar la incertidumbre consiste en mirar la situación como es hoy, no como querríamos que fuese, y actuar desde esa realidad. Es abandonar una lucha inútil para conservar fuerzas destinadas a una acción posible.
Controlar nuestras acciones, no el desenlace
Una de las distinciones más útiles consiste en separar lo que podemos hacer de lo que podemos garantizar.
- Podemos prepararnos para una conversación, pero no decidir cómo reaccionará la otra persona.
- Podemos seguir un tratamiento, pero no exigirle al cuerpo una evolución exacta.
- Podemos presentar una solicitud, reclamar o defender una posición, pero no controlar todos los tiempos ni la resolución final.
- Podemos cuidar una relación, aunque no obligar a nadie a permanecer en ella.
Cuando confundimos acción con garantía, sentimos que todo esfuerzo que no produce inmediatamente el resultado deseado ha sido inútil.
Cuando los diferenciamos, recuperamos una medida más realista de nuestra responsabilidad: hacer lo que está en nuestras manos de la mejor manera posible.
El resultado importa, naturalmente. Pero nuestra vida no puede quedar completamente suspendida hasta conocerlo.
Siete claves para aceptar la incertidumbre
1. Nombrar lo que realmente nos preocupa. En lugar de pensar «todo puede salir mal», concretemos qué tememos. Poner palabras al miedo reduce la sensación de amenaza indefinida y nos permite distinguir entre hechos, posibilidades e interpretaciones.
2. Preguntarnos si estamos resolviendo o rumiando. Pensar resulta útil cuando conduce a una decisión o a una acción. Si llevamos mucho tiempo repitiendo las mismas preguntas sin obtener información nueva, probablemente ya no estamos resolviendo el problema: estamos rumiando para intentar sentir control.
3. Separar lo controlable de lo incontrolable. Podemos escribir dos listas. En la primera incluimos las acciones que dependen de nosotros. En la segunda, las decisiones ajenas, los plazos inciertos y los resultados que no podemos garantizar. Después dirigimos nuestra atención hacia la primera lista.
4. Dejar de exigir una certeza absoluta. En la mayoría de las decisiones importantes nunca contamos con una seguridad completa. Podemos disponer de información suficiente y actuar con prudencia, pero esperar a eliminar toda duda puede dejarnos paralizados indefinidamente.
5. Permitir la incomodidad sin obedecerla. Aceptar la incertidumbre no significa dejar de sentir ansiedad. Significa reconocerla sin convertirla en la directora de nuestra conducta. Podemos sentir inquietud y, aun así, continuar con nuestras actividades, descansar, relacionarnos y atender otras partes de la vida.
6. Volver al presente. La incertidumbre nos arrastra hacia un futuro imaginado. Regresar al presente no resuelve el problema, pero nos devuelve al momento en el que podemos actuar. Podemos preguntarnos: «¿Qué necesita este día de mí?», en lugar de intentar vivir por adelantado todos los desenlaces.
7. Elegir cómo queremos comportarnos durante la espera. Quizá no podamos elegir cuándo llegará una respuesta, pero sí qué clase de persona deseamos ser mientras esperamos. Podemos actuar con serenidad, firmeza, cuidado, paciencia o dignidad. La incertidumbre limita nuestro conocimiento del futuro, no nuestra capacidad para vivir de acuerdo con nuestros valores.
Soltar la lucha no es soltar lo que amamos
A veces tememos que, si dejamos de preocuparnos, estaremos demostrando que aquello ya no nos importa. Como si sufrir permanentemente fuese una manera de proteger el vínculo, evitar una desgracia o mantener vivo nuestro compromiso.
Pero
- Podemos amar sin vigilar constantemente.
- Podemos esperar sin detener toda nuestra vida.
- Podemos defender algo valioso sin castigarnos cada día porque el desenlace aún no ha llegado.
Soltar no siempre significa abandonar. En ocasiones significa dejar de apretar.
Cuando sostenemos algo con excesiva fuerza, terminamos agotados y apenas podemos ocuparnos del resto de nuestra existencia. Aflojar la lucha permite conservar el afecto, la esperanza y el compromiso, pero de una forma que no nos destruya por dentro.
Aprender a vivir sin todas las respuestas
La incertidumbre no es una anomalía que podamos eliminar definitivamente. Forma parte de
- las relaciones
- la salud
- trabajo
- las decisiones
- el paso del tiempo.
Vivir implica avanzar sin conocer por completo lo que ocurrirá.
La verdadera seguridad psicológica no consiste en tener la garantía de que nada difícil sucederá. Consiste en confiar en que podremos responder a lo que suceda, pedir ayuda cuando la necesitemos y reajustar el rumbo.
Quizá hoy haya una pregunta importante que todavía no tiene respuesta. Podemos reconocer el deseo de saber, permitir el malestar y hacer lo que esté en nuestras manos. Después, tendremos que dejar espacio para que la realidad siga su curso.
Porque lo que más nos duele no siempre es no saber. A veces es pasarnos la vida peleando con el hecho de que no podemos saber todavía.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa aceptar la incertidumbre?
Significa reconocer que no podemos conocer ni controlar todos los resultados y elegir cómo actuar con la información disponible. No implica que la situación nos guste ni que dejemos de buscar soluciones.
¿Aceptar la incertidumbre es resignarse?
No. Resignarse supone renunciar a actuar. Aceptar consiste en reconocer la realidad presente, diferenciar lo que depende de nosotros y emplear nuestra energía en acciones posibles.
¿Cómo sé si estoy reflexionando o rumiando?
La reflexión suele aportar comprensión, una decisión o un siguiente paso. La rumiación repite las mismas preguntas, aumenta el malestar y no genera información ni acciones nuevas.
¿Por qué necesito controlar lo que va a ocurrir?
El control proporciona una sensación temporal de seguridad. El problema aparece cuando buscamos garantías absolutas sobre situaciones imprevisibles o dependientes de otras personas.
¿Cómo puedo dejar de luchar contra lo que no controlo?
Empieza por nombrar la situación, separar hechos de temores, identificar una acción concreta que dependa de ti y permitir que la pregunta todavía abierta permanezca sin responder durante un tiempo.
Sugerencias de enlaces internos
- La incertidumbre y 8 medidas de afrontamiento: https://christiancherbit.com/la-incertidumbre-y-8-medidas-de-afrontamiento/
- No puedo dejar de pensar en un problema: https://christiancherbit.com/no-puedo-dejar-de-pensar-en-un-problema/
- ¿Hay un «caballo muerto» en mi vida? 5 teorías: https://christiancherbit.com/hay-un-caballo-muerto-en-mi-vida/
¿Cuándo conviene buscar ayuda profesional?
Si la incertidumbre, la preocupación o la necesidad de control están condicionando tu vida, el acompañamiento psicológico puede ayudarte a relacionarte de otra manera con tus pensamientos y emociones. En mi consulta de psicología online, podemos trabajar juntos para recuperar flexibilidad, serenidad y capacidad de acción. Puedes solicitar una primera entrevista gratis.

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