Introducción de la angustia y la ansiedad, 3 diferencias
En este texto, se exploran las diferencias clave entre la angustia y la ansiedad, dos estados emocionales intensos que a menudo se confunden. Se destacan las características distintivas de la angustia, que se experimenta como un malestar profundo, acompañado de síntomas físicos y emocionales, como dificultad para respirar, pensamientos negativos y agitación. La angustia se origina en situaciones de peligro, incertidumbre o estrés y puede surgir debido a la represión de emociones no expresadas.
Se subraya que la angustia puede llevar a un bloqueo emocional y afectar la calidad de vida de las personas. Se mencionan varios factores desencadenantes, como la autoexigencia, el estrés laboral, la incertidumbre, la pérdida y los traumas pasados.
El texto también resalta la importancia del tratamiento de la angustia, que puede incluir terapias cognitivo-conductuales, de aceptación y compromiso, y de apoyo. Se sugieren enfoques naturales como una alimentación equilibrada, el apoyo social y el ejercicio físico.
Finalmente, se diferencia la angustia de la ansiedad, señalando que la ansiedad surge de pensamientos sobre una posible amenaza y se caracteriza por una reacción motora que busca escapar del peligro, mientras que la angustia paraliza. Ambos sentimientos son mecanismos de supervivencia, pero cuando se vuelven patológicos, pueden requerir la intervención de un profesional de la salud mental para recuperar el bienestar emocional.
La angustia
es un sentimiento intenso y desagradable que se experimenta como una sensación de malestar, opresión, dificultad para respirar, pensamientos negativos, inquietud, agitación y, en ocasiones, síntomas físicos como sudoración excesiva o temblores o temor intenso.
Es una respuesta emocional que puede surgir ante situaciones de peligro, incertidumbre, estrés o amenaza.
Puede aparecer por no dar espacio a alguna emoción que necesita emerger, por una interrupción interna que nos impide conectar con nuestras necesidades. Es decir, se trata de un conflicto interno entre lo que deseamos y necesitamos y lo que nos permitimos ser y expresar. Y es que a lo largo de la vida desarrollamos mecanismos que nos evitan sentir el dolor. Por ejemplo, si de niños nos riñeron por manifestar rabia, es probable que de adultos reprimamos esta emoción.
El problema es que, reprimir lo que nos resulta molesto también frena la expresión de nuestro deseo generando insatisfacción que puede acabar con el tiempo en angustia. Empeñarnos en evitar lo doloroso a la larga nos puede enfermar.
La angustia es un estado de desasosiego intenso, ante situaciones de desesperación.
La sensación que experimentamos es de «estrechez» y vacío. Etimológicamente la palabra angustia proviene del alemán Angst (estrechez) y puede llevarnos a creer que
- hemos perdido la capacidad de actuar con libertad
- hemos perdido el control, lo que genera más miedo aún
La angustia puede ser
- de corta duración, como en una situación de emergencia,
- crónica, manifestándose de manera persistente en la vida cotidiana.
Puede afectar a personas de diferentes edades, géneros y antecedentes.
Lo que caracteriza a la angustia es un miedo vago y difuso, a menudo sin un origen claro, que deriva en bloqueo emocional.
Puede desencadenarse por distintos factores, como
- Autoexigencia y perfeccionismo porque el miedo al fracaso y la autocrítica constante pueden llevar a un estado de angustia emocional.
- Estrés y presión excesiva en el trabajo, los estudios, las relaciones o cualquier otra área de la vida. Es decir, sentirse abrumado por las responsabilidades y tener dificultades para hacer frente a las exigencias.
- Incertidumbre y cambios significativos vitales, como mudanzas, cambios de trabajo, rupturas o problemas financieros. La falta de estabilidad y la sensación de no controlar la situación pueden actuar como desencadenantes.
- Pérdida o duelo: la pérdida de un ser querido, una separación o cualquier otra forma de pérdida que genere sentimientos de tristeza, vacío y soledad.
- Problemas de salud mental: como la depresión, la ansiedad, el trastorno de estrés postraumático, el trastorno de pánico, etc.
- Problemas emocionales. Cualquier situación que genere una sensación de amenaza o desequilibrio emocional.
- Problemas familiares
- Problemas interpersonales como son los conflictos en las relaciones personales, problemas familiares, dificultades en la comunicación o la sensación de estar desconectado socialmente, pueden llevar a sentimientos de soledad, rechazo o desesperanza.
- Traumas pasados: como abuso físico o emocional, accidentes graves, violencia o desastres naturales, pueden dejar secuelas emocionales duraderas. Los recuerdos y las emociones relacionadas con el trauma pueden desencadenar angustia y dificultad para gestionar el presente.
- Activación fisiológica como si todavía hubiera peligro, como estar constantemente “en alerta”, sobresaltarse, nerviosismo, irritabilidad, dificultad para dormir y para concentrarse, dolor de cabeza, mareo, dolores estomacales y musculares, palpitaciones, opresión en el pecho, alteraciones del apetito, etc.
- En ocasiones, el recuerdo se refiere a una pérdida o a una privación que evoca la ausencia de alguien, y puede provocar intensos sentimientos, como pena, nerviosismo, incertidumbre por cómo va a ser la vida sin esa persona, rabia, soledad, abandono o desesperación.
- Existen muchos estímulos que evocan la situación traumática: imágenes, sonidos, lugares, olores, personas, momento del día, situaciones o emociones de miedo. La experiencia vuelve una y otra vez; a veces se puede sentir o actuar como si las experiencias sucedieran de nuevo (flash back).
- Tapar la angustia evitando hablar, pensar, recordar y sentir el trauma, así como toda situación, como lugares y personas, hasta el extremo del retraimiento social con pérdida de interés por actividades que nos resultaban placenteras.
La angustia dificulta nuestro bienestar emocional y el funcionamiento diario
La angustia es un sentimiento que surge ante la desesperación de una amenaza incierta, inespecífica, o difusa. Es un sentimiento visceral, que se percibe con gran malestar, sin una conducta motora concreta.
En general la angustia implica
- calor
- dolor de cabeza
- palidez
- presión en el pecho
- sensación de mareo
- sensación intensa de opresión, que se nota en la boca del estómago y/o en la garganta
- síntomas digestivos
- sudores
- taquicardia
- temblores
aunque no seamos conscientes del pensamiento que la provoca.
Se asocia frecuentemente con la tristeza y la frustración, que nos ayudan a aceptar una situación desagradable.
El tratamiento natural de la angustia puede aliviar los síntomas y ayudar al bienestar emocional. Por ejemplo:
- Alimentación equilibrada y saludable. Evitar los alimentos procesados, ricos en azúcares y grasas saturadas, y elegir una dieta de frutas, verduras, integral, proteínas magras y grasas como los ácidos grasos omega-3 (pescado, las nueces y las semillas de lino).
- Apoyo social de familiares, amistades, etc. compartiendo nuestras preocupaciones y sentimientos para sentirnos comprendidos.
- Ejercicio físico moderado, al menos 30 minutos diarios, como caminar, correr, nadar, etc.
- Hierbas y suplementos, por ejemplo, la valeriana, la manzanilla, la lavanda y el té verde.
- Limitar el consumo de estimulantes.
- Técnicas de relajación como la respiración profunda.
Algunas tácticas para el tratamiento profesional de la angustia son las siguientes:
- Terapia cognitivo-conductual para identificar y cambiar los pensamiento y conductas que contribuyen a la angustia.
- Terapia de aceptación y compromiso para aceptar los pensamientos y sentimientos de angustia y desarrollar habilidades para vivir una vida rica y significativa a pesar de la angustia.
- Terapia de apoyo para que las personas expresen sus sentimientos y preocupaciones y puedan recibir ar apoyo emocional y ayuda para afrontar la angustia.
- Técnicas de relajación y afrontamiento del estrés.
Frecuentemente de confunde con la ansiedad, aunque hay algunas diferencias
- La ansiedad es generada por pensamientos ante una posible amenaza, para poder anticipar un peligro. También tiene reacciones físicas, pero no tan intensas.
- Otra diferencia significativa es que la angustia nos paraliza mientras que la ansiedad, nos invita a escapar del peligro. Es decir, la reacción motora es diferente. Se caracteriza por los síntomas cognitivos (pensamientos anticipatorios, catastrofistas), aunque ello desencadena los síntomas fisiológicos (taquicardia, hiperventilación, sudoración…) y también los motores (necesidad de huida o evitación).
- La psicología cognitivo conductual aborda la ansiedad, mientras que las corrientes psicoanalíticas y humanistas usan el término angustia.
Ambos sentimientos son mecanismos de supervivencia, porque nos mantienen en alerta ante una amenaza y mantenernos a salvo.
Por ello, constituyen respuestas con la que debemos convivir.
En terapia de christiancherbit.com trabajamos para afrontar la ansiedad o la angustia patológica, que se manifiesta con mayor frecuencia, intensidad y persistencia, porque impiden el bienestar de las personas, pudiendo generar emoción de tristeza y sentimiento de frustración.
En estos casos, puede ser útil buscar el apoyo de un psicólogo, online o presencial, quien puede ayudar a abordar las causas subyacentes de los celos y brindar estrategias específicas para manejarlos de manera saludable.

